La demanda de combustibles fósiles podría alcanzar su punto máximo en 2030 con una transición más agresiva hacia un futuro más verde, ya que el crecimiento de la demanda de gas natural no compensa la menor demanda de petróleo y carbón. Las opciones que tienen los directivos para hacer frente a este cambio se están multiplicando, pueden provenir de negocios que antes no estaban relacionados y podrían amenazar a los activos tradicionales. La cuarta edición del informe de la consultora Bain & Companysobre la economía integrada de los mercados energéticos, Managing the Energy Transition: Three Scenarios for Planning, está centrado en petróleo, gas, carbón, energía nuclear y fuentes renovables en los mercados de generación de energía y en los mercados de demanda industriales de transporte y de edificios, e identifica un plan de acción de seis pasos para ayudar a los directivos a prepararse y gestionar esta transición.

Según Bain & Company, la lista de posibles disrupciones de este año en el panorama energético incorpora cinco nuevas tendencias: 

  • Demanda de plásticos. La regulación del uso del plástico y la adopción de diferentes prácticas industriales tendrán un impacto cuantificable en la demanda de plásticos vírgenes para el año 2030. Con una nueva e importante regulación, un cambio gradual en el comportamiento del consumidor y un desarrollo acelerado de sustitutos, la reducción de la demanda de plásticos vírgenes podría sustituir cerca del 3 por ciento la demanda mundial de líquidos derivados del petróleo. Este es aproximadamente el mismo porcentaje previsto para el progreso de vehículos eléctricos (EV) en el mercado de vehículos ligeros.
  • Reciclaje de materiales no plásticos: El aumento del reciclaje de materiales no plásticos reducirá la demanda de energía en un 0,3 por ciento. Se espera que la proporción de materiales reciclados aumente significativamente en las industrias que representan una gran parte de la demanda de energía, por ejemplo, el acero, el papel y el aluminio, lo que se traducirá en un importante ahorro de energía, ya que la producción de material reciclado es mucho más eficiente desde el punto de vista energético que la de nuevos materiales.
  • Intensidad energética: Se espera que la intensidad energética industrial disminuya anualmente entre 2 y 3 puntos porcentuales debido a las mejoras en la eficiencia de varias fuentes diferentes: implementación de tecnologías más eficientes; mayor regulación y apoyo gubernamental; estándares de gestión de energía impulsados por el consumidor; y edificios de nueva construcción y nueva maquinaria en regiones de rápido crecimiento.
  • Las disrupciones digitales reducirán los costes por unidad de energía y mejorarán la eficiencia de los procesos a lo largo de las cadenas de valor energético, tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda. La tecnología ya ha comenzado a influir en las curvas de costes y productividad, y esta tendencia se acelerará en el futuro. Por eso, lo digital será un factor clave para muchas posibles disrupciones, que incluyen:
  • Mantener el petróleo y el gas no convencionales en sus respectivas curvas , reduciendo así los costes para alcanzar el punto de equilibrio de forma predecible
  • Introducir cambios en los costes operativos y en la eficiencia del capital para las fuentes convencionales de petróleo y gas, especialmente offshore
  • Impulsar la energía solar y eólica hacia sus respectivas curvas de aprendizaje
  • Permitir que las redes inteligentes alcancen niveles cada vez más altos de energías renovables en el mix de generación energético
  • Permitir una mejor integración de la respuesta a la demanda, la eficiencia energética y la energía fotovoltaica distribuida, proporcionando una mejor gestión de la demanda para los consumidores mediante el uso de dispositivos inteligentes
  • Obtener una mayor eficiencia en el consumo de combustible de los Vehículos con Motor de Combustión Interna (ICEV)
  • Impulsar el avance de los vehículos eléctricos acelerando la comercialización de vehículos autónomos
  • La sostenibilidad, al igual que los cambios digitales, influye en muchas tendencias. Las regulaciones para la energía renovable están vigentes en 141 países y, desde mediados de 2016, 10 países han implementado o sugerido regulaciones más estrictas. A excepción de EE. UU, las regulaciones de carbono han ganado fuerza tanto en Asia como en América. A medida que los países comienzan a utilizar los precios del carbono para medir el riesgo del cambio climático, las estimaciones de los precios de carbono son cada vez más agresivas, acelerando la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles.

En la industria del transporte, los esfuerzos de sostenibilidad impulsarán la entrada de los vehículos eléctricos y endurecerán las normas de consumo eficiente de combustible, al mismo tiempo que impulsarán a las industrias de transporte y aviación a invertir en gas natural licuado (LNG) y biocombustibles mediante el establecimiento de normas de emisiones más estrictas.

La sostenibilidad también continuará afectando a la demanda industrial. Incluso el fuerte aumento esperado en la demanda mundial de LNG se debe, en parte, a las políticas de sostenibilidad que buscan formas de frenar las fuentes de energía más intensivas en carbono, principalmente el carbón.

  • Y finalmente, otros elementos de sostenibilidad tendrán un impacto en el panorama energético y en la forma en que operan las empresas: 
  • La conciencia medioambiental está influyendo en las reacciones de los consumidores, el apetito de los inversores y la respuesta del gobierno.
    • El daño a la reputación, la regulación y la escasez de agua en general influyen en la gestión del agua.
    • Las ciudades verdes más emblemáticas, motivadas para reducir las emisiones locales, están implementando peajes, regulando el tráfico y suministrando energía renovable.
    • Se están planteando importantes oportunidades que permitan dotar de una segunda vida a las baterías.