El año 2019 terminó con la Cumbre del Clima en Madrid y 2020 ha empezado con una vicepresidencia para la Transición Ecológica. ¿Están cambiando las cosas más rápidamente en sostenibilidad?

En 1992, a las personas que trabajábamos en sostenibilidad nos parecía que clamábamos en el desierto. Los profesionales ambientales íbamos por delante, pero no veíamos que realmente hubiera una masa crítica en los puestos de responsabilidad, en la política, en las empresas, en las instituciones, que reconociera las cuestiones ambientales como parte del futuro y estuviera abierta a dar pasos. Nuestras demandas en aquella época eran, por ejemplo, que hubiera un Ministerio de Medio Ambiente, o soluciones para reducir el tráfico en las ciudades, pues entendíamos que este era el gran causante de la contaminación atmosférica.

Hace 10 años era inimaginable una vicepresidencia para la Transición Ecológica o el Green New Deal para transformar social y económicamente la Unión Europea hacia un modelo sostenible. Hoy el problema es otro, se trata del ritmo. Se han dado muchos pasos, pero no bastan para el grado en el que se necesita avanzar. Ya no es suficiente con actuar, ahora hay que hacerlo rápido.

La COP25 hizo evidente que la sociedad avanza más rápido que los gobiernos. ¿Cómo acelerar la acción en sostenibilidad?

Es fundamental invertir en conocimiento para afrontar un futuro que aún no conocemos, pues hay que transformar todo el sistema. Esto significa confiar en los especialistas, en las personas que han estudiado la complejidad de las cuestiones ambientales. Ellos son los que anticiparon los problemas y tienen el bagaje necesario para pasar a la acción, incorporando nuevas visiones pero manteniendo el rigor técnico. Esto será útil para cambiar el modelo energético, para convertir la rehabilitación de edificios en un sector de creación de empleo a la vez que se rebaja su huella ecológica, para mejorar la sostenibilidad de la movilidad urbana, para renaturalizar nuestras ciudades y hacerlas más saludables y resilientes al cambio climático…

Pero vemos cómo intentar transformar el sistema genera enormes resistencias. ¿Cómo convencer?

Es imprescindible transmitir que el medio ambiente es una cuestión de todos. No debe pertenecer a ningún partido ni organización: no tiene ideología. Estamos hablando de mejorar la salud de las personas, de crear empleo, de que la economía se diseñe para beneficiar a mucha más gente. Si somos valientes como sociedad para asumir esto, seremos capaces de avanzar mucho más rápidamente sin percibir que hemos perdido.

Por otro lado, esto debemos hacerlo de forma colaborativa, entre todos. Porque el cambio que tenemos por delante es muy grande, es un gran reto que no puede afrontarse de forma individual.

Este año se celebra el Congreso Nacional del Medio Ambiente (Conama). ¿Cuál es la prioridad en 2020?

Generar el tejido y las conexiones suficientes para transformar el conocimiento en cambios reales.

¿Cómo se construye Conama?

La primera característica de Conama es que nos hemos atrevido a construir de abajo arriba. Sin perder de vista aquellos temas globales que son importantes, damos la posibilidad de generar el programa al propio sector para que refleje de verdad lo que importa, lo que interesa.

En este proceso está la Administración en todos los niveles. También las empresas, pues entendemos que es el sector que valora este congreso como un foro de diálogo. En tercer lugar, está la sociedad civil, universidades y organizaciones de todo tipo, no solo ambientales, sindicatos, fundaciones, organizaciones agrarias, del sector de la construcción, del transporte, de logística… Merecen una mención aparte, por su importancia, los gobiernos locales.

Buscamos el consenso y la integración y en cada edición aportamos temas nuevos para anticiparnos a los cambios desde una perspectiva social global, no solo desde el enfoque ambiental.

¿Puede poner un ejemplo?

En 2012 empezamos a hablar de la movilidad desde el punto de vista del servicio y a tener actores que habitualmente no estaban en Conama: Cabify, la asociación del taxi, de los aparcamientos, los responsables de flotas de los autobuses…

Era la época en la que venía la gente de la contaminación atmosférica, expertos en partículas y querían hablar con los fabricantes de coches, pero los fabricantes de coches no estaban aquí. Ahora están todos. Todo el tejido en torno a la movilidad sostenible está concentrado en Conama, pero empezamos en 2012 con un enfoque no exclusivamente pegado a las cuestiones ambientales, sino a la construcción del espacio público, a la renovación urbana.

Otro ejemplo son las soluciones basadas en la naturaleza. Ahora estamos trabajando en ello porque desde el mundo de la conservación se entiende que este tipo de soluciones es clave para garantizar la conservación de la biodiversidad y de las ciudades. Y también son importantes en el ámbito de la salud. Todavía estamos generando comunidad, falta metodología, contrastes, indicadores.

¿Qué aporta esta forma colaborativa de funcionar?

Sin esta forma colaborativa no sería posible construir el tejido ni las conexiones que son necesarios para abordar las cuestiones ambientales.

¿Se interesa el mundo de las finanzas por las cuestiones ambientales?

Está llegando, en la línea con la transformación que está experimentando. El sector financiero también tiene que pasar del diagnóstico a la acción, y para ello le será muy útil conectar con el tejido ambiental de un encuentro como Conama.