La construcción de los edificios ha evolucionado de forma notable con el paso de los años. Entre los aspectos que más han cambiado para adaptarse a las demandas actuales se encuentran los estándares del diseño estructural en materia de sostenibilidad, mucho más rigurosos y exhaustivos que hace una o dos décadas. De nada sirve ya construir un edificio domótico y estéticamente moderno si no se tienen en cuenta el aprovechamiento de energías renovables, las formas de autoconsumo o la mejora de su eficiencia energética.

La normativa lo avala. En 2012, el Parlamento y Consejo de la Unión Europea emitieron una directiva (2012/27/UE) para promover la eficiencia energética en los países miembros. En esta legislación se establecían los criterios y las pautas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en las edificaciones, así como de otras sustancias contaminantes de los mismos. 

La directiva establece una fecha límite para cumplir con sus disposiciones: 2019 para los edificios públicos y dos años más para los privados, hasta 2021. Ahora bien, ¿cómo pueden cumplir con ella las nuevas construcciones?

Diseños inteligentes para mejorar la eficiencia

Uno de los puntos recogidos en la norma citada habla de la necesidad de una transformación de la construcción y gestión de los complejos para mejorar el consumo. En otras palabras, indica que el diseño arquitectónico es uno de los principales elementos que influyen en la eficiencia energética: dependiendo de cómo se planifique su construcción, el consumo del mismo será mayor o menor. 

“Es importante que el diseño vaya un paso más allá de lo estético y se plantee un diseño inteligente en todas las nuevas construcciones”, señala José Antonio Afonso, responsable del segmento Commercial Building en Eaton España. Pero, ¿qué implica realizar un diseño arquitectónico de este estilo? Para el responsable “supone estudiar, valorar y tener en cuenta desde el primer momento aspectos del entorno como la localización, la temperatura media, las probabilidades de lluvia, la orientación al sol o el viento”. 

Junto al componente del entorno, los constructores deben preocuparse por aquellos elementos que influyen de forma directa en la eficiencia. El tamaño de las ventanas, el tipo de envolvente usado, los revestimientos o el uso de materiales aislantes son algunos de los más críticos, pero en materia de eficiencia, hasta el más pequeño detalle cuenta para llegar al propósito final: construir “edificaciones de consumo energético casi nulo” (Nearly Zero Energy Building, o nZEB, según sus siglas en inglés).

El autoconsumo colectivo, una necesidad

En España, el pasado mes de abril se aprobó el Real Decreto Ley 244/2019, en el que se regula el autoconsumo energético a nivel nacional y se establecen las disposiciones por las que se debe regir el autoconsumo colectivo, es decir, cómo varios consumidores se pueden asociar a una misma planta de generación en lugar de tener que ser una actividad individual.

Con esta nueva regulación, las comunidades de propietarios y las industrias o empresas que forman parte de un mismo polígono industrial tienen una mayor facilidad para incluir mecanismos de captación y almacenamiento de energía, lo que, a su vez, promueve el uso de energías renovables.

“España es un territorio privilegiado para el abastecimiento energético a través de energías renovables. Las nuevas construcciones deben tenerlo en mente durante la realización del proyecto y hacer un estudio previo de las cubiertas u otras superficies susceptibles de incorporar instalaciones de autoconsumo para que los procedimientos de diseño añadan de base dicha instalación. Solo de esta manera se podrá aprovechar al máximo la nueva normativa y maximizar la vida útil del sistema gracias a un diseño óptimo”, indica Afonso.