A menos de 4 años para finales del 2020, año que ha fijado la Unión Europea para que el 20% del total de la energía que consuman sus estados miembros proceda de fuentes renovables, España no cumple con los objetivos marcados. Según se desprende de los datos publicados por Eurostat sobre el ejercicio 2015, el reparto es muy desparejo. Mientras en electricidad la parte renovable es un 36,9%, superando con creces el mínimo del 20%, la situación es muy distinta en transporte (1,7%) y en calefacción y refrigeración (16,8%).

 

Según explica Diego García, Director de la Oficina en España del Instituto Europeo del Cobre, “la subasta de energía procedente de fuentes renovables realizada hoy por el Gobierno va a contribuir a aumentar el porcentaje de electricidad renovable que se consume, con lo cual eso ayudará a acercarnos al objetivo global del 20%. Sin embargo, también habría que adoptar medidas para potenciar los dos sectores que menos aportan a esta cifra total, el del transporte y el de la calefacción y refrigeración”.

 

Vehículos eléctricos y bombas de calor para reducir las emisiones de CO2

 

“Una de las alternativas para incorporar energía renovable en el transporte es el uso del vehículo eléctrico que consuma electricidad renovable”, añade Diego García, “sería una forma de aprovechar el alto grado de generación renovable para mejorar el transporte. En este sentido el gran diferencial de esta tecnología frente al uso de biocombustibles es que el vehículo eléctrico es tres veces más eficiente que el de combustión, es decir, necesita la tercera parte de energía para recorrer la misma distancia. O dicho en otras palabras, la transición a transporte renovable se haría el triple de rápido. La autonomía real de los últimos modelos de clase media superan los 300 Kms. con costes que están bajando rápidamente. Para recargarlo basta con tener un punto de carga en el garaje de 3,7 kW., y para viajar ya hay una red a nivel nacional a los que se van a añadir muchos más puntos de carga.”

 

Para aprovechar la ventaja de la generación eléctrica renovable en calefacción y refrigeración, la respuesta que ofrece el Instituto Europeo del Cobre se llama bomba de calor. Se trata de un equipo eléctrico que suministra calor para la calefacción o el agua caliente o refrigera en verano intercambiando su energía con el exterior, normalmente aire o el subsuelo.

 

La gran ventaja de las bombas de calor es que son equipos muy eficientes. Las más habituales tienen un rendimiento superior a 3, es decir, que necesitan menos de la tercera parte de energía eléctrica para producir una cantidad dada de energía calorífica. Otra importante característica es que emiten menos de la mitad CO2 que una caldera equivalente de gas (109 gCO2/ kWh calor). Y en 2030 será menos de la tercera parte (75 gCO2/kWh calor) según vaya aumentando la proporción renovable de la generación eléctrica.

 

El cobre es una materia prima fundamental para la generación de electricidad (por cada megavatio de potencia producidas en una instalación eólica se necesitan entre 2,5 y 6 toneladas de cobre, y en el caso de una instalación fotovoltaica, de 5 a 10 toneladas de cobre) y para la movilidad sostenible (el cobre es necesario para el desarrollo de los vehículos eléctricos, tanto para la fabricación de sus componentes- 80 kgs. de media frente a los 25 kgs. de uno de gasolina- como para la de los equipos de carga y conexión a la red eléctrica). Respecto a las bombas de calor, una de promedio para viviendas contiene unos 8 kgs. de cobre.